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Quién soy

Me llamo Nuria Martínez, y tengo 46 años. Desde los 16 años empecé a tener trastornos de la conducta alimentaria, trastorno por atracón y sobrepeso.

Siempre he estado a dieta, además creo que las he hecho todas: cetogénica, Dunkan, Atkins, paleolítica, de la piña, la alcachofa y la peor de todas, que además no tiene nombre (ahora pondría música de miedo…), ta chan, ¡¡ta chan!! La terrible dieta de las 1300 Kcal. ¡Oh, Dios mío! En cuanto me decían que tenía que comer 1300 calorías, ya me bloqueaba y soñaba con comida a todas horas.

Para resolver mi trastorno alimentario pasé por el psiquiatra, por varios psicólogos, nutricionistas y no había manera de resolver el problema.

Mi trayectoria profesional, mi vida como empresaria y mi relación con la comida

Estudié Ingeniería Técnica en Química Industrial y posteriormente me dediqué 20 años a la Prevención de Riesgos Laborales.

Actualmente soy empresaria, aunque no distingo muy bien en qué momento dejé de ser emprendedora. Creo que ser emprendedora es alguien que con ilusión romántica empieza un proyecto y una empresaria es alguien que ha aguantado lo suficiente como para que la empresa no acabe con ella. En mi caso así fue.

En el año 2009 me lancé como emprendedora a crear mi propia empresa de Prevención de Riesgos Laborales y actualmente cuenta con 19 trabajadores, no está nada mal.

Los dos primeros años de emprendimiento fueron brutales, días y noches enteras trabajando, sin dormir muchos días. Tomaba 2 Red-Bull diarios, uno nada más levantarme y otro por la noche. Ilusionada con mi proyecto, me dejé la vida en ello y lo pagué caro.

A los dos años tuve una crisis de ansiedad, taquicardias, contracturas que me impedían levantarme de la cama de puro agotamiento. Pero yo seguía trabajando, sin días de fiesta, vacaciones, trabajando más que nadie hasta que caí enferma.

Estaba prediabética y mis trastornos con la alimentación añadidos al estrés y la ansiedad volvieron todavía con más fuerza. Los médicos me daban ansiolíticos que por supuesto, no me tomaba. Nadie parecía poder ayudarme. ¿Cómo era posible que ser empresaria fuera tan duro y que además me estuviera costando la salud y la vida?

Esto me acompaño hasta los 38 años más o menos en que decidí tomar cartas en el asunto y buscar una solución por mi cuenta.

Desde mi juventud siempre he sido una “hierbas”, habitualmente he utilizado los remedios naturales que tenía a mi disposición para mí y para mi familia. Cursé estudios de Naturopatía y me ayudaron muchísimo. Era la primera vez en mi vida que ponía el foco en comer sano y no en contar calorías.

Estudié además Flores de Bach, Fitoterapia, Aromaterapia, que me ayudaron a relajarme y calmar mi ansiedad por la comida. Por fin empezaba a ver la luz, iba ganando batallas, pero me faltaba mucho todavía para ganar la guerra.

En el año 2013 pensé en iniciar una consulta de Naturopatía, dado las grandes soluciones que a mí me había aportado, pero como es una titulación “no homologada”, mi mente de Ingeniera, no me dejaba ejercer si no era con un título como “Dios manda”. Así que, a mis 40 años, empecé a estudiar el Grado de Nutrición y Dietética en la Universidad de Zaragoza, que actualmente estoy acabando.

Las dietas te programan la cabeza precisamente para eso, “prepárate que vienen tiempos de escasez ¡1300 Kcal!!!!, ¡¡¡¡cómete todo el chocolate del armario que mañana empiezas la dieta!!!” ¡¡Dios mío qué pesadilla, siempre igual!! ¡El cuerpo se estresa y se pone en modo ahorro!
Leía todo lo que caía en mi mano, todo tipo libros y artículos científicos. La ciencia cada vez me sorprende más, porque hay estudios que defienden una cosa y otros la contraria. Así no hay quien se aclare. Mi sensación era que cada vez sabía menos de nutrición. Probablemente mi abuela sin tanta ciencia lo tuviera más claro que yo, que no había leído tanto.

¡Ninguno! Una mujer que a los 40 años empieza a estudiar una segunda carrera, dirige una empresa, ama de casa y madre de dos hijos, tiene falta de ¿fuerza de voluntad? Menuda tontería. Sin embargo, sentía una frustración enorme cuando no podía controlarme ante algo tan insignificante como una palmera de chocolate. Era desmoralizador y además destrozaba mi autoestima por la sensación de fracaso que me causaba.

Entendí por fin, que el problema con la comida era multidisciplinar. La mitad de la solución consiste en tratar el cuerpo físico adoptando buenos hábitos de vida, pero la otra mitad requiere trabajar la parte mental y emocional. Dicho y hecho, me puse en manos de una Coach Sistémica, que aparte de ayudarme a trabajar mi mente y emociones, me ayudó a gestionar mi empresa, lo que me permitió empezar a disfrutar mucho más de mi tiempo y de mi vida.

Enfocarme en mi misma como el centro de mi vida, dando prioridad a mi salud y a mi cuerpo lo cambió todo.
Me encontraba más radiante que nunca y ocurrió el milagro, justo cuando dejé de pesarme, empecé a enfocarme en darle alimentos a mi cuerpo con la intención de amarlo, respetarlo, nutrirlo y energizarlo, y ¡Empecé a adelgazar! ¡Increíble!
Además, como si de magia se tratara, cuanto más me cuidaba, mejor me iba en la empresa. Trabajaba menos y ganaba más, además mi salud se estaba restableciendo y mi abundancia también.
Estos dos últimos años he finalizado un Postgrado en Psiconeuroinmunología, en la Universidad de Barcelona, he seguido estudiando Nutrición en la Universidad de Zaragoza, he dirigido mi empresa y además me ha dado tiempo de estudiar Cocina Natural y Energética de la mano de Montse Bradford, gran mentora e inspiración para mí.
El que me conoce me pregunta que ¿de dónde saco tanta energía? Fácil, comiendo sano, cuidando y respetando mi cuerpo.
A día de hoy he resuelto la ansiedad por la comida, tengo más energía que nunca y he dejado de hacer dietas de una vez por todas y para siempre.

"Dejé de estar en guerra conmigo misma. Punto y final. Se acabó la batalla."